UN CORTO CUENTO DE CUENTAS por Carlos Contreras

Esto sucedió, sucede y sucederá en cualquier venta de alimentos en el país del Nunca Jamás, donde los niños crecen mucho mas rápido y su infancia se ha convertido en una carga de responsabilidades, pasando así la mayor parte del tiempo pensando donde está la diversión y viviendo una vida aventurada.  La población adulta de dicho país, vive asediada por temibles y terribles piratas usureros y especuladores que depredan sus salarios y arruinan sus esperanzas de un buen vivir, sin que nadie de los que dirigen este ficticio país, apliquen sus ficticias leyes. De acuerdo con la leyenda, si alguien desea vivir en Nunca Jamás deberá trabajar como un explotado burrito para comer como un frágil pajarito, esperando que desde lo más alto del cielo haya un nuevo amanecer, que le ilumine un camino de paz y prosperidad. Y mientras espera que algo bueno pase, esto es lo que hay:

– Buenas tardes ¿Cuanto vale medio cartón de huevos y medio kilo de queso?

– Bueno, el precio de hoy es de 300.000 por la mitad del cartón de huevos y 250.000 por el medio kilo de queso.

– ¡Que vainas con los precios! Esperaré hasta mañana que es quincena para comprarlos.

En la noche, el gobierno de Nunca Jamás notifica un aumento del 58% sobre el salario integral y en contraparte, en vez de alegrías hay preocupación.

 Al otro día por la mañana:

-Buenos días (no se oye respuesta alguna al saludo, sino caras adustas) por favor quiero medio cartón de huevos y medio kilo de queso.

El vendedor con aire de erudito en malasangre dice:

– Son 1.100.000.

– ¿Cómo, 1.100.000? Si ayer entre las dos cosas sumaban 550.000.

– Bueno pana, no vistes que aumentó ayer en casi un 60% el sueldo y ese aumento se traslada a todo. Es mas, yo sólo aumenté el 50% porque no soy tan especulador, saca la cuenta. El cincuenta por ciento de 1.100.000 es la mitad, es decir, 550.000  y eso fue lo que aumenté, la mitad de lo que vale hoy.

-Coño, pero ¿que cuentas son esas? El 50% sobre el precio de ayer que era de 550.000 por las dos cosas es 275.000 que es la mitad de los 550.000 y sumando ambos el total sería de 825.000, no de 1.100.000. Esa es la cuenta.

-Verga mi ingeniero, no se donde sacó su título, pero las matemáticas son exactas, usted no va ha saber mas que mi calculadora Casio y mucho menos sabe lo que me cuesta a mi comprar la mercancía: el taxi que use para buscar el pedido, el flete de la otra mercancía, las bolsas plásticas, el impuesto municipal, el impuesto al SENIAT, el impuesto a los policías para que me cuiden de los ladrones y el de los ladrones para que me cuiden de ellos y de los policías, la luz, el teléfono, el agua, el seguro contra robos, el seguro contra incendios, el seguro contra saqueos y el salario de los empleados. Bueno esto es por encimita. Al final a uno no le queda nada.

-Pero pana, tu no tienes empleados.

-Eso es lo que tú crees, yo pago indirectamente los empleados de la granja de huevos y de la finca donde hacen el queso y esos son gastos también.

-Verga no sigo hablando, no puede contigo. Dame esa joda antes que aumente durante el tiempo en que estoy aquí. Bueno, entonces según tus malayas cuentas son 1.100.000. Toma, pasa la tarjeta.

-A no patrón, ese es el precio en efectivo, si es con tarjeta de débito es un recargo del 40% porque yo pago por  el alquiler del punto. Yo sabía que ese era el otro gasto que me faltaba, usted sabe.

-Puta madre.

NOTA:

Menos mal que esto es un relato de ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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