Resumen muy, muy  breve de una estancia en Mérida… por José Portillo

Enero de 2013 es como una bruma en mi vida. Varios meses atrás no imaginaba estar yo en ese desamparo, en esa indigencia mental. El hecho, puro y verídico, fue: había yo terminado con el amor de mi vida en Diciembre de 2012. Laura, la mas bella y terrible criatura que haya yo conocido se fue. Esas cosas marcan para toda la vida, pero son más duras a medida que uno se hace más viejo. Los golpes duelen más. El amor y el odio van de la mano.

Fue así como en Marzo de 2013, me llama Sinforiano. No recuerdo bien sus palabras; pero me proponía ir a trabajar (apoyar) a Mérida (en Diciembre había ganado la gobernación Ramírez). Recuerdo que Jose no estaba muy de acuerdo porque varios meses antes me habia dicho -“que vas a hacer aqui? donde vas a vivir?” Al final, cuando ya estaba yo instalado en esa ciudad, estando sin un centavo y debiendo la cuota del alquiler de la habitacion (cuatro paredes), Jose saco unos billetes de su bolcillo y pago la mensualidad. Meses despues le dije para devolverle el dinero pero se nego.

Así fue como acepte ir a esa ciudad, donde reposan los restos de mi padre, tías y abuelos paternos. Una ciudad que no conocía. La ultima vez que visite Mewrida fue en 1990 (para ir a velar y enterrar a mi padre en “El Espejo”, a pocos  metros donde reposa el malandro/santo Machera).

Estuve en esa ciudad cuando anunciaron la muerte de Chávez. Recuerdo haber estado en el balcón de la gobernación junto con José y Sinforiano. Recuerdo que ambos tenían lágrimas en sus ojos. Yo trataba de comunicarme con mi hermana (de Maracaibo) y con una amiga, quien me gustaba mucho (había sido alumna de José).

Ese mes de Abril, José y su esposa me invitaron a su casa en el sur de Mérida. Allí conocí a la familia Mora, a la familia Molina. Fueron pocos días, pero se quedaron en mi mente. Me los llevo hasta el final.

Estuve mes y medio en Mérida. Sin embargo, me ayudaron (en parte) a olvidar al amor periodo de 2012 y a seguir adelante.

Volví varias veces a Mérida.

Un día, estando en esa ciudad, me entere que aquella muchacha que me gustaba se había casado. Para ese entonces yo había tenido que lidiar con una mudanza hacia Maracaibo y con el que hacer de mi trabajo y estudio. Nada pude hacer para salvar ese sueño. Pero no olvido algunas noches de Mérida, en medio de la niebla, cuando ni un alma (excepto la mía) caminaba por las calles solitarias. Aquellas tardes solitarias y aquellas mañanas de gente amable y mujeres bellas. Aquellos viajes en autobús a media noche. Buscaba un amor que nunca he encontrado,  en medio de la nada.

Me queda el recuerdo y la nostalgia de una vida que no pude vivir alla.
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