Kérenski y nosotros por JM. Rodríguez

Es septiembre de 1917 en Rusia. La “democracia revolucionaria” de los mencheviques se da de trompicones. La pluma febril de Lenin la enfrenta describiendo la catástrofe que amenaza(*). Me asombro al leerla cien años después. ¡Que curiosas las coincidencias con lo que nos ocurre aquí! Allí los bolcheviques no se amilanaron, un mes después Kérenski pasó al olvido.

Lenin abjuraba de aquellos líderes que actuaban como profesionales de la política. No tenían el arrojo de los revolucionarios ante el peligro. Por eso su apotegma: dar dos pasos adelante y si la cosa está muy dura, retroceder uno. Es el avanzar siempre. Los “políticos profesionales”, al contrario, buscan mantenerse. El movimiento les angustia, trae riesgos a su permanencia.

Pero no son lerdos, saben que no pueden quedarse quietos y en silencio. Entonces llenan el vacío con lo que harán. Son solo gestos. Apaciguan angustias recreando una navegación en aguas tranquilas. La ambigüedad logra la paz imposible. Trazan un híbrido modelo de socialismo con capitalismo. Suponen que así es en China. Donde se extravían es en asociar su engendro con el socialismo de mercado de allá. Aquella es una política económica bajo control total del PCC.

Sin embargo no son tontos. Entienden que el Estado es un aparato para mantener la hegemonía sobre la sociedad. Hacen lo que el absolutismo liberal (democracia y capitalismo), ha hecho a sangre y fuego durante los últimos dos siglos. Y no se escandalicen los ilusos que creen que la democracia es una y única. Les digo que todas las democracias están adjetivadas y sus aparatos de Estado sostienen esos adjetivos. La alternancia es sólo entre los que los comparten. Los que divergen son combatidos con fuerza. No es otra la historia de la humanidad.

Y alerto a los que cargan, como un estigma, el pecado original del socialismo (síndrome estalinista). No se empeñen en el imposible maridaje del socialismo con el capital. En nuestro Sur ya vimos a donde fue a parar esa “tipología” social, copiada de la castrada intelectualidad europea. Brasil, Uruguay y Ecuador entregaron la economía en un inviable anhelo de convivencia. Ahora es Venezuela.

(*) V. I. Lenin, La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla 

Obras Escogidas, tomo II, editorial Progreso, 1961.

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