Los revolucionarios no deben tener ningún tipo de privilegios, OJO!

 

Siempre me pregunto que cuando los historiadores recojan esta etapa de la gesta chavista cuáles serán los héroes y capitanes (ministros o líderes) equivalentes a nuestros próceres de la Independencia. ¿Quién será el Sucre de Chávez, el Urdaneta del Chávez, el Francisco Bermúdez de Chávez, el Pedro Briceño Méndez de Chávez, el Bartolomé Salom de Chávez, el Jacinto Lara de Chávez, el Laurencio Silva de Chávez, el José Florencio Jiménez de Chávez,…?

¡Me parece que sin duda el ministro Simón Arturo será uno de ellos!

En tiempos de lucha y de revolución, los líderes tienen que ser como un Savonarola (para nada desarmado): un hombre íntegro moralmente, desapegado de las vanidades y de la vida burguesa, decidido a arrostrar las más terribles adversidades y siempre asumiendo los trabajos más difíciles y amargos que casi todo el mundo rechaza.

Un revolucionario no está para tener más privilegios que el simple ciudadano de a pie. Recuerdo que Bolívar en las largas marchas a través de las selvas, llanos o montañas, siempre era el último en comer y compartía el rancho con los soldados más bisoños. Comía si algo quedaba. Gandhi cuando subía a un tren (en esos destartalados trenes de la India) lo hacía en tercera clase junto con todo su gabinete y se sentaba en los duros y trepidantes hierros del piso. Nadie chistaba. El trabajo predilecto de Gandhi en Sudáfrica fue limpiar las cochineras, los quehaceres más repugnantes que nadie quería, él los pedía. Hombres así son a la vez terribles, tienen derecho a ser terribles y nadie puede chistarles ante una resolución. Tanto Lenin como Trotsky, viniendo de familias acomodadas, optaron por compartir su suerte con los más pobres y miserables de la tierra (Martí).

Por eso me gusta el ministro Simón Arturo Castro Urbina.

¡Qué gran ministro, carajo!

Yo he visto por las calles al ministro Simón Arturo, incansable, humilde y comprensivo. Jamás este ministro ha utilizado los poderes de su alto cargo para beneficiar a su familia ni mucho menos a sus amigos. Yo le he visto ir a buscar pescado de madrugada a un lugar de la costa y regresarse sin poder comprar nada porque no tenía efectivo (ni modo de conseguirlo por ningún medio honrado y lícito). Simón Arturo comprendía que si el pueblo no podía en alguna circunstancia comer, él tampoco debía hacerlo. Y esto en lugar de arredrarlo lo hacía más contento de sí y más fuerte. Simón Arturo parece entenderlo todo y da gusto estar a su lado aunque nunca emita opinión o diga algo. Su silencio, qué gran escuela. Si se queja lo hará para sus adentros. Él batalla, él se mete en el candelero, el da respuestas con su actitud valiente, él no tiene ni quiere para sí nada material. Qué carajo más grande, Dios mío.

El otro día le dijeron que su tía Eufrasia necesitaba de un medicamento urgentemente, y que llamara al ministro de Salud, y respondió: ¿Por qué habré de hacerlo? ¿Por qué tendré yo que valerme de mi cargo si hay miles de seres que están en situación difícil y que carecen de los contactos que yo tengo? ¿Cómo? ¿Por qué?

Cualquiera podría pensar que Simón Arturo es un desalmado, un hijo de puta, un loco y un pervertido.

Yo pienso todo lo contrario. Porque Simón Arturo sí hace carne y espíritu el pensamiento de Hugo Chávez. Mejor dicho, el Comandante está encarnado en él. Yo creo que si en este momento alguien nos puede salvar de tanto terrorismo, amenazas del imperio y de la guerra económica es Simón Arturo.

En casa de Simón Arturo no hay harina pan porque se ha negado a recibir ningún clap hasta tanto el más humilde de los de su comunidad lo tengan. Y como hay muchos que no lo reciben, él ha dicho que tendrá su clap cuando se regularice totalmente la entrega de este poderoso bien del pueblo.

Yo he visto a Simón Arturo buscar al camión de plátanos para lograr así hacerse unos buenos tostones. Su sencillo condumio. Simón Arturo nos ha recordado aquella frase famosa de Humboldt: “El plátano salvará América”. Nos está salvando. Él ha sido sabiamente paciente y quienes lo conocen siendo de oposición han ido cambiando su odio retinto hacia la comprensión de lo que nos oprime horriblemente. Simón Arturo  es el ejemplo vivo de lo que debemos hacer todos nosotros en medio de las adversidades.

Simón Arturo lee a los clásicos y sobre todo a los poetas (románticos de todos los géneros). No habla mucho Simón Arturo, pero cuánto hace. Él dice que el hacer bien y honestamente debe siempre preceder a la palabra. Yo he visto a Simón Arturo hacer de policía, barrendero, guardia nacional, médico, brujo y santo a la vez, partero y madre de tantos desahuciados; tirano y verdugo de tantos mercaderes. Qué arrecho, quizá alguien lo descubra en algún desierto de los que cruzamos todos los días y lo convenza de que se lance a candidato de algo. Yo no sé que nos diría, con qué nos saldría, porque les advierto, es muy, pero muy ARRECHO!!!!

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