“El fascismo se va legalizando, es la peor de mis pesadillas”

Sigue fumando con ahínco y un glaucoma lo ha condenado a la ceguera pero aún publica (y van 103 libros). El autor recibe a PAPEL en su casa donde habla de la vida y la literatura

Encender, lo que se dice encender, enciende unos 60 cigarrillos al día, uno detrás de otro, sin parar, echando humo como si fuese una chimenea. Pero da sólo un par de caladas a cada pitillo y lo aplasta contra el cenicero, así que en realidad fuma mucho menos de lo que se podría pensar. Antes Philip Morris de cajetilla blanda y roja, pero los dejaron de fabricar, así que se ha pasado a los Muratti, una marca alemana. En cualquier caso ahí le tienen: Andrea Camilleri cumplirá en septiembre 93 años.

Un glaucoma lo ha condenado a la ceguera pero sigue escribiendo (en Italia ya ha visto la luz su primer libro dictado), su mente permanece tan lúcida como siempre y su éxito continúa imparable, coronado con unas cifras de vértigo. El escritor siciliano, padre del famoso comisario Salvo Montalbano, es autor de 103 libros, ha vendido 26 millones de ejemplares sólo en Italia, pasa de los 35 millones de copias en todo el mundo, está traducido a 40 lenguas, los derechos de la serie televisiva basada en sus novelas policiacas se han vendido a 63 países…

Ahora ve la luz en España La pirámide de fango (Salamandra), un nuevo caso del célebre inspector. Sin embargo Camilleri confiesa que no le gusta Montalbano, el hijo pródigo al que debe su gloria. «No me es simpático. A lo más que llego es a soportarlo», revela.

Cuando en 1994 creó al inspector Montalbano, ¿se imaginaba que alcanzaría semejante éxito?
Para nada, ni de lejos… Fue una enorme sorpresa, sobre todo para mí. Los libros de Montalbano no están escritos en una lengua fácil, es necesario un esfuerzo por parte del lector para entender mi lenguaje. El propio Leonardo Sciascia, a quien le di a leer mis primeras cosas, me dijo: «Si escribes de ese modo, ¿quién esperas que te entienda?». Yo le respondí: «Qué le vamos a hacer, Leonardo, yo sólo sé escribir así. Seré un escritor de minorías, de 500 lectores, no me importa».
Y, sin embargo, arrasa. ¿A qué atribuye el éxito de Montalbano?
Me resulta dificilísimo entenderlo. Lo que yo me propuse cuando inventé ese personaje era dar vida a alguien a quien pudieras invitar tranquilamente a tu casa a cenar, como invitarías a un funcionario de Correos . No quería para nada un aventurero, un héroe, alguien dispuesto a tirar enseguida de pistola… Quería un comisario que fuera un buen burgués.
Pero Montalbano es un héroe. Es honesto en un mundo deshonesto, es justo en un mundo injusto…
Efectivamente, Montalbano tiene un sentido fortísimo de la justicia, de una justicia que no siempre concuerda con la justicia de los tribunales sino que es una justicia personal. Montalbano es un hombre que mantiene su palabra. Es alguien que cuando quiere entender, entiende, lo que significa que puede mostrar comprensión con los demás, sobre todo con los más desafortunados. Montalbano tiene humanidad, la misma humanidad que tenemos todos. Pero no es un héroe, no es alguien fuera de lo normal.
Pero insisto: ser honesto, justo y comprensivo es algo heroico hoy en día…
El filósofo francés Merleau-Ponty decía que el verdadero héroe de nuestros días es el hombre común y corriente contemporáneo. Me gusta mucho esa idea de Merleau, y partí de ella cuando creé a Montalbano. Creo que un héroe, por ejemplo, es la persona que tiene que liquidar una sociedad y que no se desvía de su camino, que sigue adelante con su misión a pesar de las presiones y las amenazas mafiosas. Un héroe hoy es quien consigue cumplir con su deber. Seguramente todos conocemos a alguno de estos héroes, de esas personas honestas, leales y comprensivas con los demás que cumplen con su obligación. Montalbano también es así y es por eso por lo creo que es apreciado.
¿Montalbano se inspira en algún héroe cotidiano de carne y hueso?
Cuando estaba escribiendo el quinto o sexto montalbano mi mujer me dijo: «¿Te das cuenta de que con ese comisario estás haciendo un largo retrato de tu padre?». Y tenía razón, aunque no fui consciente hasta ese momento. Muchas cosas del carácter de Montalbano formaban parte del carácter de mi padre. Mi padre era un hombre con una gran valentía individual, con una idea de la justicia muy fuerte y muy personal.
¿A qué se dedicaba?
Era inspector de puertos en el sur de Sicilia, inspector de trabajo portuario. Le voy a contar un episodio que yo creo que explica muy bien cómo era. Mi padre, al acabar la guerra, se convirtió en director de una empresa siciliana del transporte que tenía una gran flota de camiones. Un día, uno de nuestros camiones volcó y se perdió toda la mercancía que transportaba, aunque por fortuna el conductor salió ileso. Dos o tres días después de aquello, yo acudí al despacho de mi padre a pedirle dinero. En el vestíbulo me encontré al jefe del departamento, un tipo enorme como un armario, que me dijo que mi padre estaba ocupado y que tenía que esperar. Entonces se abrió la puerta de su despacho y salió el conductor del camión que había volcado sangrando por la nariz. «¿Pero qué has hecho, papá? ¿Le has pegado?», le pregunté horrorizado. «Sí», me respondió. Yo me volví loco, era comunista y aquello me pareció una cosa espantosa y le amenacé con denunciarle. «Siéntate, comunistita», me dijo. Y me contó cómo el conductor, cuando estaba de servicio, había hecho subir al camión a una prostituta y que, mientras ésta hacía su trabajo, él había seguido conduciendo el vehículo hasta que perdió el control y volcó. «A ese desgraciado tendría que ponerle de patitas en la calle. Pero como tiene mujer y dos hijos pequeños no le voy a despedir. Pero al menos un puñetazo se lo doy», me dijo. Así era él, así era mi padre, tenía comportamientos montalbanescos. Montalbano en esa situación habría reaccionado igual, estoy seguro.
¿No ha sentido nunca la tentación de asesinar a Montalbano?
Sí, muchísimas veces. Pero, ¿cómo voy a liquidar a Montalbano? Me ha dado celebridad, éxito, dinero… Yo no quiero a Montalbano, no me es simpático, a lo más que llego es a soportarlo. Pero no puedo matarlo. Cada vez que se publica un nuevo montalbano no sólo logra un gran éxito sino que hace que se vendan de nuevo mis novelas de hace 20, 30 años. ¿Qué puedo hacer?
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