El esperpento por JM Rodríguez

La Unión Europea, esa cuyos jefes son escogidos a dedo, pretende enseñarnos lo que es democracia. Esa que mantiene la esencia supremacista de aquellos atenienses que la crearon, señores de la riqueza. El eurocentrismo es eso. De ahí deriva el poco interés que los intelectuales de izquierda europeos prestan al proceso político venezolano. Tienen una mirada arrogante hacía el resto de la humanidad y un profundo desprecio por aquellas naciones localizadas por debajo del trópico de cáncer. Nada mejor para comprobarlo que aquel artículo del Huffington Post, donde un psicólogo español señala que fue Valle-Inclan, con su sátira de lo cómico en lo trágico, el que “inventó” a Donald Trump. Aquí, para tratar de diferenciar al gringo de sus socios europeos, construye una desmesura: a lo que se parece de verdad es a un líder bolivariano… Y continúa con saña: Es verdad que el color de su piel y de su pelo supone un inconveniente, pero si le pusiéramos un poncho, tiznáramo su rostro y tiñéramos su pelo… Los intelectuales de allá padecen el síndrome de los tennis judge. Siguen la pelota mundial con el giro de su cabeza a uno y otro lado del campo, irritados porque los jugadores hayan abandonado el blanco inmaculado de sus uniformes. De seguro la irritación lo llevó del PSOE accidentalista al carlista Ciudadanos.

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