Balance histórico en OEA prueba que solo sirve a intereses de EEUU y clases dominantes

Por: Clodovaldo Hernández

Para demostrar cuán monstruosa es la situación de Venezuela, los analistas diplomáticos y los medios de comunicación de la derecha subrayaron el hecho de que, en siete décadas de actividades, la Organización de Estados Americanos (OEA), como proclamada garante de la democracia y los derechos humanos en el continente, solo ha excluido a dos países. Y ahora, es tan grave la desviación de la Venezuela bolivariana que está tratando de suspender al tercero. Sin lograrlo, por cierto,  a pesar de tanta alharaca y cantos de victoria.

Si se analiza el tema con objetividad, habría que concluir, muy por el contrario, que esas “solo dos exclusiones  en 70 años” son la demostración más palmaria de que la OEA no sirve para nada. O, mejor dicho, que solo sirve a los intereses de Estados Unidos, del capitalismo global y de las clases oligárquicas y burguesas de los países miembros.

Los únicos dos casos de exclusiones fueron la expulsión de Cuba en 1962 y  la suspensión de Honduras en 2009.

El caso de Cuba fue netamente político, en el contexto de la Guerra Fría. La Revolución cubana había asumido la ruta del socialismo y EEUU tenía que excluirla de su foro hemisférico.

Lo de Honduras fue una especie de error del sistema. Ocurrió en parte porque el golpe de Estado se hizo de un modo tan ramplón que no les quedó más remedio que condenarlo, aunque fuera nominalmente. Además, aquel era el continente de Hugo Chávez, de los Kirchner, de Lula, de Correa, de Ortega, de Lugo y de aquel (no de este) Tabaré. Sin embargo, la condena fue de pura apariencia. La exigencia de la OEA de que Manuel Zelaya fuese restituido recibió más de una trompetilla de parte de Roberto Micheletti, a quien el presidente Hugo Chávez rebautizó acertadamente como “Gorileti”. Claro, era aquel un golpe de derecha y, por tanto, tenía la coautoría y el sello inequívoco de Estados Unidos.

De resto, ¿todo bien?

El punto es que, entonces, si se analizan los 70 años de actividades de la OEA, en los que ningún otro país americano ha merecido que lo excluyan, habría que concluir que hemos vivido en una maravilla de continente durante una etapa histórica hermosísima.

Nada más alejado de la realidad. Entre 1948 y el sol de hoy se han perpetrado innumerables barbaridades en casi todos los países, sin que la OEA haya pretendido ni tan siquiera investigar ni mucho menos sancionar a los gobiernos responsables. ¿Por qué no lo hizo? Simplemente porque los gobiernos arbitrarios y represores tenían el visto bueno y la asesoría de EEUU y en ellos desempeñaban roles protagónicos los políticos de derecha y las clases dominantes de las respectivas naciones.

Revisemos solo algunos casos porque mencionarlos todos requeriría de la extensión de un libro, no de un artículo.

Sin irnos a otra parte, podemos constatar que para el momento del nacimiento de la OEA, 1948, Venezuela estaba bajo la conducción de una dictadura militar que había derrocado al primer presidente  elegido mediante el voto universal (incluyendo mujeres) en la historia nacional.  El gobierno derrocado había surgido luego de un pujante proceso constituyente y lo encabezaba un intelectual ilustre, Rómulo Gallegos. La OEA no lo tocó ni con pétalos de flores.

Se podría alegar que la organización estaba apenas naciendo. Pero luego, en 1950, hubo en Venezuela un magnicidio, el de Carlos Delgado Chalbaud. Después de ese asesinato, la dictadura militar se hizo más personalista y represiva. La OEA tampoco hizo nada. Muchos historiadores piensan que eso se debió a que Delgado Chalbaud, pese a ser parte de la camarilla militar, era un oficial nacionalista y había osado tocar el negocio de las petroleras norteamericanas.

Cierto es que eran otros tiempos, pero el ente multilateral pudo haber formulado algún tipo de protesta. La verdad es que el dictador Marcos Pérez Jiménez encarnaba mejor los intereses de las petroleras y lo demostró archivando las propuestas de su colega asesinado.

Volvamos a 1948, año en el que  también mataron a Jorge Eliécer Gaitán y se desató una masacre en Colombia que duró años. Pudo haber sido un apropiado punto de partida para una organización como la OEA. Pero, no. Porque Gaitán era una amenaza para los negocios de EEUU y la oligarquía neogranadina. Deje eso así, dijeron.

La OEA, en cambio, fue muy diligente para echar a Cuba, bajo la acusación de exportar su revolución a otros países de la región. “Se ha colocado voluntariamente fuera del sistema interamericano porque la adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo es incompatible con el sistema interamericano y el alineamiento de tal gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y la solidaridad del continente”. Una represalia netamente política.

Entre la expulsión de Cuba y la de Honduras pasó casi medio siglo y América Latina vivió una de sus etapas más oscuras y sangrientas. Fueron los años de las dictaduras del Cono Sur, durante las cuales se puso en funcionamiento el mecanismo de represión multinacional denominado Plan Cóndor. ¿La OEA? Bien, gracias.

Fueron los años de terribles tiranías en Centroamérica, todas ellas perpetradoras de terribles operaciones  de violencia contra campesinos, trabajadores y estudiantes. También fue el tiempo de descaradas acciones injerencistas de EEUU, ejecutadas bajo la modalidad de conflictos de baja intensidad.

¿Hizo la OEA alguna alharaca? No, porque los dictadores eran aliados de EEUU y este país desarrolló incluso acciones directas, como el financiamiento y entrenamiento de la llamada Contra nicaragüense.

Si de fraudes electorales se trata, la OEA ha convalidado todos los que han sido cometidos por fuerzas más reaccionarias en contra de los pueblos. Volvemos a revisar la historia local para recordar el robo de Pérez Jiménez a Jóvito Villalba en 1952. En cambio, ha intentado descalificar procesos electorales legítimos porque no los han ganado los partidos y candidatos de la derecha.

La actitud blandengue de la OEA ante gobiernos de derecha quedó evidenciada en 1992, cuando se reunió para sancionar al Perú de Alberto Fujimori. Luego de muchas deliberaciones, los cancilleres no lo suspendieron. Total: el hombre era un autócrata, pero era de derecha.

Incluso los gobiernos no dictatoriales de varios  de los países latinoamercanos en las últimas cuatro décadas del siglo XX cometieron sistemáticas violaciones a los derechos humanos y varias masacres de mucho impacto, que no dieron pie para que la OEA actuara. De nuevo podemos mirar hacia la Venezuela de los años de la democracia puntofijista y comprobaremos que la OEA nunca ha servido para otra cosa que no sea cuidar que el capitalismo funcione.

Me adelanto a responder a los que dicen (como los ya no tan jóvenes “muchachos” de Primero Justicia), que eso es historia, que no hay que andar mirando por el retrovisor. Es un planteamiento muy imbécil, pero, de acuerdo, veamos el hoy. ¿Qué temas debería considerar la OEA, además de Venezuela, si de verdad estuviera preocupada por la democracia y los derechos humanos?

De nuevo hay que resumir porque citarlos todos sería maratónico. Veamos únicamente los más prominentes: EEUU  (por mencionar solo uno de los casos por los que merece una condena) separa a los niños inmigrantes de sus padres y los mete en cárceles; en México hay un Estado fallido, el país está bajo control del narcotráfico, que mata a dirigentes políticos (van más de cien en el tiempo de campaña electoral), líderes sociales y periodistas; el sistema electoral de Colombia es tan descaradamente perverso que da risa. Además, las fuerzas más oscuras del espectro político se dedican a practicar el tiro al blanco con los dirigentes comunales y exguerrilleros supuestamente amparados por los acuerdos de paz; en Brasil fue destituida la presidenta mediante una jugada política de cúpulas, y el poder quedó en manos de un sujeto que hace exactamente lo contrario de aquello por lo que votó la mayoría; en Chile, gobiernos de derecha o de presunta izquierda reprimen por igual a la población originaria; en Argentina se aplica una receta neoliberal y se persigue y reprime a quienes protestan.

Nada de eso es tema de debate en la OEA. Tampoco lo es que Puerto Rico, estado libre asociado de EEUU, esté aún con muchas zonas en ruinas debido a un huracán que lo asoló el año pasado. Ni siquiera un volcán en plena erupción, tragándose un pueblo en Guatemala fue motivo para una reunión de emergencia. Lo dicho: no es que no sirva para nada, sino que solo sirve para amparar los intereses de EEUU y de los ricos de América Latina.

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